La mayoría de los compradores de empresas dedican más tiempo a negociar el precio que a entender lo que están comprando. Es un error costoso. La due diligence financiera existe precisamente para reducir la incertidumbre de una compraventa: verificar que los números son lo que parecen, identificar los riesgos ocultos y darte argumentos para renegociar o, si hace falta, para salir de la operación a tiempo.

En resumen: una due diligence financiera bien hecha no es un gasto, es un seguro. El coste de hacerla es siempre menor que el coste de no haberla hecho.

¿Qué es exactamente una due diligence financiera?

La due diligence financiera es un proceso de verificación y análisis de la información económico-financiera de una empresa objetivo. No es una auditoría —no emite opinión sobre cuentas anuales— sino un trabajo de investigación orientado a una decisión concreta: comprar, invertir o asociarse.

El resultado es un informe que recoge los hallazgos más relevantes, los riesgos identificados y, cuando procede, ajustes al EBITDA o al precio de la operación. Un buen informe de due diligence responde a una pregunta fundamental: ¿la empresa que voy a comprar es realmente la empresa que me han presentado?

Qué revisamos en una due diligence financiera

Calidad del beneficio (EBITDA normalizado)

El EBITDA que presenta el vendedor no siempre refleja la realidad del negocio. Revisamos si incluye ingresos extraordinarios que no se repetirán, si excluye gastos recurrentes, si los salarios de los socios están a precio de mercado o si hay operaciones vinculadas que distorsionan el resultado.

Balance y deuda real

La deuda financiera visible es solo una parte. También revisamos la deuda con proveedores con antigüedad anómala, los pasivos contingentes, los compromisos fuera de balance y cualquier obligación que no aparezca explícitamente en las cuentas pero que el comprador asumirá implícitamente.

Circulante y generación de caja

Una empresa puede tener buenos márgenes y mala caja. Analizamos el ciclo de cobro y pago, la rotación de inventario, la evolución del capital circulante y si la generación de caja libre es sostenible o puntual.

Contingencias fiscales y laborales

Revisamos los últimos ejercicios fiscales, las actas de inspección si las hay, el estado de prescripción de los impuestos más relevantes y el historial de relación con la Seguridad Social. Una contingencia fiscal no declarada puede convertirse en una sorpresa muy cara después del cierre.

Concentración de clientes y contratos clave

Si el 60% de la facturación proviene de dos clientes, y esos contratos no tienen cláusulas de permanencia, el riesgo no está en el balance: está en la cuenta de resultados futura. Esto es algo que el modelo de valoración debe reflejar.

Red flags más habituales que encontramos

  • Ingresos que crecen pero la caja no acompaña (señal de problemas de cobro o de ingresos ficticios).
  • Márgenes muy superiores a los de la competencia sin una razón clara.
  • Cambios de criterio contable recientes que mejoran artificialmente el resultado.
  • Facturas a partes vinculadas sin condiciones de mercado.
  • Empleados clave con alta dependencia del fundador sin acuerdos de permanencia.
  • Deuda bancaria a corto plazo que financia activos a largo plazo.

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Cómo se estructura el proceso

Una due diligence financiera estándar sigue estas fases:

  • Kick-off y data request: definimos el alcance y solicitamos la documentación necesaria al vendedor.
  • Análisis de información: revisamos la documentación, hacemos preguntas y completamos el análisis financiero.
  • Informe preliminar: presentamos los hallazgos más relevantes antes de cerrar el informe definitivo.
  • Informe final: documento completo con hallazgos, ajustes al precio y recomendaciones.

El plazo habitual para una due diligence estándar es de dos a cuatro semanas, dependiendo de la complejidad de la empresa y de la velocidad con que el vendedor facilite la información.

¿Cuándo encargar una due diligence?

Idealmente, antes de firmar el contrato de compraventa definitivo, pero después de haber firmado una carta de intenciones (LOI) con el vendedor. En ese momento ya existe un compromiso suficiente para que el vendedor abra su información, pero todavía hay margen para renegociar o retirarse sin consecuencias mayores.